LA DUEÑA
Iarilén, delicado capullito d azahar,
leve trino d calandrias en mi sentimiento,
suprema infatuación d mirarte un momento
y saberte para siempre dueña d mi azar.
Te he acunado en mis secos brazos torpes
y me diste los diamantes d tu risa y d tu aliento;
y sonreíste tantas veces tu milagroso encanto
q he sentido el cielo caerse en mi d golpe.
Amada Iarilén, reina d mi existencia
has tomado d mis manos tu tibia mamadera
haciéndome estallar una invernal primavera
en los yermos pliegues d mi senil conciencia;
soy maleable a la razón d tu pueril esencia
para q hagas d mi vida tu florida pradera.
(27/7/2005 - 13:12)
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