SIÉMBRAME
Tu q bajas, Iarilén, del Gran Libro del cielo
dejame leer en tus ojos los signos
q me conviertan en un hombre digno
para poder hablarte y acompañar tu vuelo.
Frente a tu inminencia me siento tan impuro
Iara, tan terriblemente salvaje;
pienso si ser tu padrino no será un ultraje
por ser yo tan insignificante e inseguro.
¿Cómo podré acariciar las rosas d tus manos,
con sus diminuto pétalos nacarados?
¿cómo podré rozar tu piel q ya han besado
los santos labios d tus padres, puros y sanos?.
Perdoname las vilezas q puedas perdonarme,
qerida ahijada mía, pero necesito amarte
y como un rompecabezas desarmame en mil partes
para mostrarme el camino en q pueda enmendarme.
No sé si corresponde a tu alegría éste plañido,
perdón pido a tus papis si éstos versos los molestan
pues se q tu llegada debe ser una gran fiesta
donde no tienen lugar las miserias del sentido.
Pero no tengo otro regalo mas valioso
q el desnudar mi alma y ponerla a tus pies,
para q la siembres con los granos d tu mies
y la transformes en tu erial ópimo y frondoso.
(25/6/2005 - 12:45)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario